música

Himnos de despedida

'Let it be' y 'Bridge over troubled water' fueron grabadas hace 40 años y se convirtieron en el adiós de los Beatles y Simon & Garfunkel

CÉSAR COCA. Con dos de las canciones más hermosas de todos los tiempos, fueron grabadas con diferencia de unos pocos meses y sirvieron para que los grupos que las hicieron famosas dijeran adiós a sus fans. 'Let it be' y 'Bridge over troubled water' se convirtieron en éxitos póstumos de los Beatles y Simon & Garfunkel: marcaron una época, vendieron enormes cantidades de discos, se erigieron en himnos de una generación y han sido objeto de decenas de versiones.

Aún hoy son de esas pocas canciones que logran emocionar a quienes las conocieron entonces y a los jóvenes que no las han escuchado antes. Han pasado cuarenta años desde aquel 1969 que presenció el distanciamiento definitivo del cuarteto de Liverpool y el dúo de Nueva York. Una ruptura que se evidenció precisamente mientras grababan esas canciones optimistas, esperanzadas, que coinciden en hablar de respuestas a los tiempos problemáticos. Paul McCartney no había cumplido aún los 27 cuando escribió 'Let it be'. Paul Simon estaba justamente en esa edad cuando terminó 'Bridge over...' Hoy caminan ambos hacia los 70, han desarrollado carreras fértiles y repletas de éxitos comerciales y sin embargo no han conseguido igualar los minutos de magia que crearon ante el pentagrama en aquellos meses de resaca juvenil tras Mayo del 68, la primavera de Praga y la marcha sobre el Pentágono. Sólo a temas así les sienta bien cumplir cuarenta años.

Los paralelismos entre ambas canciones son muchos, empezando por el momento de su grabación, el uso de la palabra 'troubled' -turbulento, agitado, angustiado- en el título o el primer verso y la presencia de sendos solos de piano para el arranque de los temas. Pero es mucho más relevante que ambas tengan letras de esperanza, den título a sus respectivos álbumes -aunque en el caso del trabajo de los Beatles no fue esa la intención inicial-, que su grabación fuera cualquier cosa menos fácil y que se convirtieran en despedidas. Esto último, que quizá no vieron en su momento los fans, los interesados lo tenían bastante asumido.

En el caso de los Beatles, lo que puede parecer ahora más sorprendente es que llegaran a terminar la grabación del disco. La película que se rodó durante las interminables sesiones en el estudio (el proyecto inicial contemplaba la edición de un LP y un largometraje) muestra discusiones sin fin, malas caras, ausencias a causa de enfados por razones muy menores... Llovía sobre mojado porque meses antes la grabación del LP popularmente conocido como 'Blanco' había bordeado el desastre: discusiones sobre el mánager, presencia constante de Yoko Ono en el estudio alterando los más delicados equilibrios de la banda, Ringo Starr desaparecido (McCartney tuvo que tocar la batería en varios temas)...

Tensiones en el cuarteto

Durante la grabación de 'Let it be' volvieron a aflorar las tensiones. Los especialistas no se ponen de acuerdo a la hora de calificar el trabajo del productor Phil Spector (George Martin se había retirado del proyecto), pero todos coinciden en que es un disco con mucha aportación técnica posterior. Una paradoja, porque el grupo apenas tocaba nada en directo desde hacía años y la intención del proyecto era precisamente la vuelta a los orígenes, a una música más fresca que pudiera ser puesta sobre el escenario en un concierto.

Estrictamente 'Let it be' no es el último disco de The Beatles. Las tomas fueron retocadas a lo largo de todo el año 1969 y mientras tanto -de forma casi milagrosa, habría que decir- grabaron 'Abbey Road', que salió antes a la calle. Pero hay en aquél algo indefinible que suena a despedida, empezando por la portada, que recoge fotos individuales de cada uno de sus integrantes, como si se hubiesen negado a posar juntos. De hecho, la ruptura del grupo se fraguó durante su grabación: sólo una semana después de empezar las sesiones de estudio, en enero de 1969, George Harrison anunció que se iba. Aunque lo convencieron para que siguiera, la semilla de la ruptura estaba sembrada. Al finalizar el verano -la versión definitiva de 'Let it be' aún no había salido del horno-, Lennon también mostró su intención de marcharse, y todos supieron entonces que los Beatles eran historia. La letra de 'Let it be' empezaba a ser profética: «Porque aunque vivan separados/ todavía hay una posibilidad de que puedan comprender/ habrá una respuesta/ déjalo estar».

De todos modos, lo mejor de 'Let it be' no es la letra. Tampoco era una novedad. Algunas canciones de los de Liverpool cuentan con textos de una insustancialidad manifiesta. El ejemplo que siempre se cita es 'Yellow submarine'. Con 'Let it be' no se llega a ese extremo, pero es cierto que el aficionado siente una cierta decepción cuando comprueba que una música maravillosa se combina con una letra más bien pobre.

Poeta de la incomunicación

No es el caso de las canciones de Simon & Garfunkel, escritas en su gran mayoría por el primero. De hecho, en los sesenta y los setenta fue conocido por el apelativo de 'poeta de la incomunicación', dado que refleja en sus canciones la soledad imperante en la sociedad contemporánea. En el caso de 'Bridge over troubled water' es así.

Su grabación no fue mejor que la del álbum de los Beatles. Las sesiones de estudio se retrasaron meses porque Garfunkel -cada vez más en desacuerdo con que casi todos los temas fueran de su compañero- desaparecía para atender a sus compromisos cinematográficos. También Simon tenía una carrera musical paralela. De hecho, la había tenido desde el momento mismo en que publicaron su primer disco, 'Wednesday Morning 3 A.M.' Podría decirse, incluso, que el dúo Simon & Garfunkel era una realidad sólo cuando ambos integrantes tenían unos meses libres en sus respectivas ocupaciones.

La grabación de 'Bridge over troubled water', que abre el álbum, tuvo lugar el 9 de noviembre de 1969, aunque previamente, el 13 de agosto, ya habían hecho un registro que permaneció inédito hasta que a comienzos de esta década se publicó una versión 'extendida' del álbum. Las últimas sesiones de grabación del LP no podrían ser citadas como ejemplo de armonía. Así se explica que en dos canciones ('Bye bye love' y 'Song for the asking') se utilizaran tomas realizadas en directo durante algunos conciertos.

Quienes asistieron a aquellas jornadas en el estudio recuerdan que era evidente para todos que los dos jóvenes artistas tardarían mucho en volver a grabar juntos, si es que lo hacían. Habían publicado su primer sencillo cuando ambos tenían 16 años y se hacían llamar 'Tom & Jerry'. El orden era el inverso al que luego adoptaron, porque Garfunkel eligió el nombre artístico de Tom Graph y Simon el de Jerry Landis.

Once años más tarde, convertidos en el grupo más escuchado por los universitarios de su país, estos dos neoyorquinos (aunque Simon nació en Newark, New Jersey, su carrera está indisolublemente unida a la ciudad de los rascacielos) lanzaron su mejor álbum, que fue recibido con enorme expectación después del bombazo comercial y artístico de 'Mrs. Robinson', la canción que suena en 'El graduado', otro icono de una generación. Pero ni siquiera el enorme éxito del nuevo LP fue suficiente para que siguieran juntos. Tan sólo hubo una gira en los primeros meses de 1970, tras el lanzamiento del disco, y luego algunos conciertos muy esporádicos (el de Central Park, en septiembre de 1981, reunió a medio millón de personas) y algún 'tour' teñido de nostalgia, el último de ellos muy reciente.

Hijas de un año de prodigios

Como sucedió con los Beatles y 'Let it be', 'Bridge over troubled water' fue su despedida discográfica. Cuando, en 1971, el dúo recibió seis premios Grammy por su trabajo (mejor álbum y single del año, mejor canción contemporánea, canción del año, arreglos vocales y mejor grabación), ya no eran Simon & Garkunkel. Eran Paul Simon y Art Garfunkel, dos chicos a los que un arreglo de una maravillosa canción que había pasado inadvertida en su grabación original ('The sound of silence', convertida luego en 'The sounds of silence' y popularizada incluso en las iglesias) había lanzado al estrellato para descubrir pronto que no estaban cómodos en él.

'Let it be' y 'Bridge over troubled water' son hijas de aquel año de prodigios que fue 1969. Asuntos menores comparados con la llegada del hombre a la Luna, pero palabras mayores si se habla del bagaje sentimental de varias generaciones. Despedidas por todo lo alto. Paul McCartney y Paul Simon han conseguido luego éxitos notables pero no han vuelto a crear canciones así. Han pasado cuarenta años.

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